Desde hace tiempo, tengo el propósito de plantear a los alumnos tareas de escritura, esto es, propuestas abiertas, flexibles, complejas,  contextualizadas y funcionales que conecten con la realidad, la vida cotidiana de los alumnos. Entiendo que muchos compartimos que si pretendemos disolver ese profundo hiato que se establece entre el ámbito educativo y el mundo real, próximo a nuestros alumnos, es preciso evitar plantearles ejercicios, a saber, actividades cerradas, uniformes, descontextualizadas, simples y que tienden a la repetición mecánica y automatizada en sus soluciones.
Y en ese camino traslado aquà la última tarea que he planteado a mis alumnos de 3º D. Pero antes de copiar-pegar la página correspondiente de la wiki de aula, debo reconocer mis deudas. Aunque la propuesta surgió tal como se narra en la wiki, después me he dado cuenta de que, en realidad, es una variación de una idea que expuso LU hace un par de meses.
Ayer, en la clase del viernes que dedicamos a intercambiar opiniones y experiencias acerca de los dos capÃtulos semanales que leemos de  No te laves las manos, Flanagan apareció este fragmento:
No habÃa reparado en ello el dÃa anterior, pero ahora, de cerca, le descubrÃa una belleza casi adulta, a pesar de que era la Carmen de siempre, con sus tejanos ajustados, su pelo negro despeinado y sus botas de caña alta. Tal vez parecÃa mayor porque la vida le habÃa dado un golpe muy fuerte, de los que te tiran a la lona, y ella habÃa tenido que aprender a encajarlo y levantarse de nuevo. Se habÃa visto obligada a hacer el cursillo «Madure En Cinco Segundos», y lo habÃa aprobado con nota.
A raÃz del fragmento hablamos sobre la vida como un cúmulo de experiencias, un acervo personal, que nos permite crecer, cambiar, madurar… Y, simultáneamente a este comentario del texto, vuestro compañero David me recordó que en esta semana no os habÃa propuesto una tarea de escritura. Como visteis en clase, no fue difÃcil relacionar el texto, la petición de David y una nueva tarea de escritura: el relato de una experiencia que os haya cambiado como personillas. Ya que algunos sois, con justicia, muy celosos de vuestra intimidad, desechamos que escribierais sobre vuestro primer beso. En consecuencia, acordamos que la propuesta serÃa menos (mucho más) Ãntima: los sentimientos, pensamientos, emociones… que habéis experimentado cuando sentisteis y comprendisteis la muerte de un ser vivo cercano y no necesariamente una persona, también un animal de compañÃa.
Como modelo, esbocé en clase el relato de esa experiencia,  vivida por mi hijo hace unos años. Ahora, con más espacio, os facilito esa narración:
Gonzalo en los dÃas de Navidad recibió un fantástico regalo: un pequeño pollo amarillo. Aunque, como todos los niños de su edad, disfrutaba con juguetes tecnológicos, lo cierto es que en aquellos dÃas el pollito, al que llamó PÃoPÃo, se convirtió en su amigo inseparable. A Gonzalo le sorprendÃa y alegraba sobremanera que PÃoPÃo acudiera de inmediato a su llamada y lo siguiera como un perrillo fiel. El polluelo amarillo lo perseguÃa, aleteando y piando, por toda la casa e incluso se atrevÃa fuera de ella. Gonzalo le dedicaba tiempo a su alimentación y cuidado, y también, por supuesto, se prodigaba en cariños: besos, caricias, susurros… Cada noche, Gonzalo tomaba a PÃoPÃo y, con sumo cuidado, lo depositaba en una jaula enorme,  colocada en su habitación, junto a su propia cama. La jaula de PÃoPÃo la habÃa acondicionado para su descanso. Su fondo estaba cubierto de un mullido serrÃn, que cambiaba regularmente e incluso en un rincón Gonzalo le habÃa preparado su cama: entre dos blancos copos de algodón envolvÃa y arropaba a PÃoPÃo. Cada mañana, tan pronto como despertaba, las pimeras miradas de Gonzalo se dirigÃan a PÃoPÃo, que parecÃa reconocerlo con su aleteo y piar.
Sin embargo, en una de esas mañanas navideñas PÃoPïo no reaccionó. Gonzalo se sorprendió, saltó de la cama y abrió la jaula. Desenvolvió los copos de algodón y comprobó que PÃoPÃo habÃa muerto. Y lloró, lloró… con gran desconsuelo hasta el hipido. Su padre y su madre trataron de consolarlo, pero no habÃa palabras ni caricias que lo aliviaran. HabÃa entendido el significado de la muerte: nunca más podrÃa volver a divertirse con PÃoPÃo. Ese sentimiento de pérdida lo dominó durante varios horas, dÃas, semanas…
No obstante, luchó contra ese dolor. Quiso conservar la memoria de los dÃas felices. Dibujó a PÃoPÃo y en el reverso, le escribió una nota de despedida; recuperó una antigua foto que le habÃa hecho con su consola portátil NDS y la imprimió en papel fotogrático. Esa foto y su dibujo le acompañan cada dÃa, junto al cabecero de su cama. Y pese a los años transcurridos, aun hoy no quiere que nadie difunda ni viole su memoria, ese dulce dolorido sentir.
De hecho, me ha prohibido que relate su experiencia y que publique la foto de PÃoPÃo. La que acompaña este texto está extraÃda de internet, algo que vosotros hacéis con frecuencia.
Ya os lo dije en clase: se trata de un ejercicio de introspección. Debéis reflexionar sobre lo que sentisteis, hicisteis, pensasteis… cuando os enfrentasteis a una situación similar. En verdad, yo no he querido profundizar en el modelo de PÃoPÃo sobre esas emociones: tristeza, llanto, desconsuelo, incomprensión, dolor, impotencia, furia… que pueden sentirse en el momento de reconocer esa muerte. Ni tampoco sobre los dÃas posteriores: desprotección, fragilidad, inseguridad, pérdida, abandono… La razón, además de respetar los deseos de Gonzalo, es evitar que sigáis demasiado cerca ese modelo.
Para terminar, como lo que se trata es de expresar sentimientos y emociones, os recomiendo que consultéis un diccionario ideológico y otro de sinónimos.  Podéis comprobar la información tan diferente (y ambas muy útiles) que os devuelven si consultáis, p. ej, la palabra tristeza:


