
Hoy se cumplen 38 y 10 años respectivamente de dos acontecimientos que han marcado la historia del continente americano en particular y del mundo en general: el derrocamiento del presidente Salvador Allende en Chile en el año 1973, por un lado, y el ataque a las Torres gemelas de Nueva York en el año 2001, por otro.
Detenerse en los detalles no vale la pena ante la avalancha de medios que están cubriendo ambos aniversarios pero quisiera detenerme en particular en la última fecha, porque marcó de una manera definitiva el curso de la comunicación y de los medios sociales tal como los conocÃamos hasta el momento. No es una exageración, a mi juicio, decir que marcó un antes y un después en la manera de ver el mundo, de sentirnos en ese mundo, de ver al otro y de narrar nuestra circunstancia.
El 11 de septiembre de 2001 perdimos de alguna manera la ingenuidad. O quizás terminamos de perder la que nos quedaba luego de la caÃda del muro de Berlin cuando la ilusión recobró sentido en el sueño de un mundo sin fronteras, unido y armonioso. Lo que caia frente a nuesra mirada era una frontera fÃsca, era una explicación del mundo, era una suerte de certeza binaria: o estabas de un lado o estabas del otro; o eras capitalista o eras comunista.
Con la caida de las torres gemelas por la que me he paseado ad nauseam el dia de hoy emergió el miedo pero también, y sobre todo, la necesidad de gritar, de decir, de comunicar, de brindar sentido al sin sentido del odio entre los hombres. Basta con pasearse por algunas imágenes de la prensa de aquellos dÃas para darse cuenta de que lo que despertó entonces fue el poder de las redes, el poder de la comunicación más allá de los grandes medios que en aquel momento se vieron incapacitados de brindar información, de conectar gente, de tranquilar, de apoyar, de ctener.
Teléfonos celulares, cámaras portátiles, grabadoras de manos comenzaron a ser las principales herramientas de aquellos que necesitaban expresar al mundo lo que sentÃan y pronto se inició el véritgo que no se detiene: fotologs, blogs, redes sociales y algo después el microblogging nos adentraron en el mundo sin retorno de la hiperconectividad que signa nuestros tiempos. La palabra, la imagen, el sonido que nos rodea permanentemente en la actualidad y que contrasta con Los sonidos del silencio que casi susurraba Paul Simon esta mañana en la Zona 0.