Leo con detenimiento una nota en la revista Ñ de Clarin en la que hacen una reseña del libro Superficiales de Nicholas Carr. El subtÃtulo  del libro, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, puede darnos una idea de qué va, y a pesar de que a mi en lo particular las teorÃas apocalÃpticas de la manipulación a ultranza me den un-so-sé -qué de rechazo, no puedo dejar de escribir acá algunos comentarios entre otras cosas porque toca un tema al cual nos  hemos referido varias veces en Ciberescrituras: la memoria.
Reviso la nota que escribió Sergio Parra en Papel en Blanco y veo que coincide totalmente con esa sensación general que me invade cuando me topo con alguna obra crÃtica de Internet que proclama que su influencia será nefasta para el futuro de la inteligencia humana y luego, a pesar de si mismo, termina dándole la razón al autor quien concluye más o menos, que gracias a Internet todos terminaremos siendo unos imbéciles e incultos incapaces de leer más de 10 lÃneas. Como dice en la reseña del libro:
La Red nos está reconfigurando a su propia imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y ojear superficialmente la información pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión.
Pensar que la lectura morirá  causa del hipervÃnculo me resulta muy difÃcil de sostener puesto que pocas veces hemos leido tano en la vida. Lo que si es cierto es que definitivamente leemos de una manera distinta, más rápida y superficial. Sin embargo resulta curioso que pareciera que nunca antes habÃamos querido escribir tanta ficción como ahora. DÃa a dÃa nos llegan correos de personas que están escribiendo una novela y que la quieren publicar para que otros, evidentemente, no la lean ya que somos incapaces de sostener la atención para  leer una novela completa. Pero todos quieren "echar su cuento".
IronÃas aparte, guardo la reflexión que me parece, de por si, interesante y paso a detenerme en el tema de la memoria. Alguna vez mencionamos la necesidad creciente de resguardar la memoria documental, entre otras cosas, por la velocidad con la cual se está produciendo nueva información y, sobre todo, por las crecientes iniciativas que se abocan a la digitalización de los fondos documentales nacionales hasta ahora totalmente desconocidos.
Internet y su puesta a disposición de datos e informaciones hace que dejemos de ocuparnos de ejercitar la memoria. No almacenamos datos que creemos supérfluos y dejamos que nuestra atención atienda a los estÃmulos de la información presente. Todo pasa y, lamentablemente, no todo queda en este rÃo de la hiperlectura. Saltos de pupila, recorridos inconstantes de la mirada y nuevos caminos que se activan en nuestro cerebro para la construcción de una nueva comprensión del mundo y del si en el que la memoria parece accesoria.
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